Creatividad
Crear, según el Diccionario de la Real Academia, es ‘producir algo de la nada’, en consecuencia resulta evidente que es impropio y erróneo hablar de la ‘creatividad’ del hombre cuyas obras no parten de lo inexistente. Sin embargo se habla de creatividad cuando a partir de la realidad dada se genera un ser original y nuevo.
La capacidad de crear es innata a la condición humana y se puede manifestar en cualquier ámbito de su quehacer. Desde que nace, el hombre registra en su mente ya sea consciente o inconscientemente imágenes y datos significativos que guarda en su memoria, condición necesaria a la reflexión que permite la inferencia, esto es, establecer una serie de posibilidades o alternativas diferentes a las ya dadas.
La imposibilidad de establecer un método para la creatividad no impide sin embargo reconocer un conjunto de habilidades que la hacen posible:
- Sensibilidad ante los problemas
- Fluidez, o facilidad para el uso de conocimientos ante situaciones nuevas o inesperadas (verbales, ideativas, figurativas, semánticas, simbólicas, asociativas y expresivas)
- Flexibilidad para abordar de maneras diferentes un mismo problema
- Originalidad referida a un estilo personal de hacer y pensar resuelto en respuestas imprevisibles
- Capacidad de realización, pues no basta generar ideas nuevas sino que es necesario desarrollarlas y llevarlas a cabo
- Disciplina consistente en la capacidad de orden y persistencia en el trabajo
- El factor x, el imponderable de la creatividad.
Forma – función
La tarea del diseño consiste en configurar, en dar forma a los objetos; sin embargo, como éstos implica una relación directa con el hombre, la tarea queda condicionada de modo que no se trata de dar forma por la forma, sino de definirla a partir de la utilidad. Dotar a los objetos de la peculiar y específica configuración que permita mejorar su función como útiles, su servicio y su relación con el hombre: tal es el quehacer del diseñador.
Al diseñador corresponde proyectar de manera coherente la disposición de los elementos que serán sometidos a la percepción de los usuario, por ello se le considera fundamentalmente un organizador de estructuras.
El proceso de diseño se determina por la coherencia formal que implica tanto la resolución funcional y operativa como la forma visual.
La forma es inherente a los objetos. Todo ente tangible posee presencia física que no es sino la determinación exterior de la materia cuya forma queda subordinada al servicio para el cual está destinado.
